El crecimiento de la economía española previsto para este año está sujeto en gran parte a la recuperación de una actividad turística plagada de incertidumbres. Así lo manifestó esta semana el comisario europeo de Economía, Paolo Gentiloni, lo advierten empresarios y analistas y lo reconocen desde el Gobierno, aunque no lo expliciten.
Otra temporada de verano desastrosa, como la pasada, “tendría un alto efecto destructivo en términos estructurales”, afirma María Jesús Fernández, economista sénior de Funcas. Más allá de la evolución del PIB, un nuevo verano a bajo ritmo ahondará la pérdida de tejido productivo, aumentará de una forma muy importante los niveles de paro y disparará aún más la deuda de las administraciones públicas, que ya alcanza 1,31 billones de euros, resume Fernández. “Lo que ocurra este año con el turismo va a ser determinante en términos económicos”, coincide Andreu García Baquero, consultor del área de Análisis y Mercados de Afi. “Y hay que tener en cuenta –continúa– que la recuperación de este sector será más lenta porque es el más dependiente de la situación sanitaria y de la movilidad, solo con perder el primer trimestre del año, como ahora, España se deja 14 millones de visitantes extranjeros, sus divisas y su gasto”.
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