
DANILO DÍAZGRANADOS
Más de 300 mil millones de dólares. Ese es el tamaño de la deuda externa de la nación austral. Un compromiso que parece no tener fin y que cada año va incrementándose ante la imposibilidad de ese país de honrar, como Dios manda, los compromisos con sus acreedores.
Y es que la Argentina consume más de lo que le ingresa. Su desbalance en las cuentas fiscales se remonta a la época de la dictadura del general Videla, por allá en la década de los 70. Así que siempre quedará debiendo, con los números en rojo. La nación del tango, de los vinos, de la carne, sufre de escasez crónica de recursos.
Milagrosamente el gobierno del peronista Alberto Fernández, no obstante el haber incumplido en mayo pasado con los pagos de deuda que estaban programados para esa fecha, logró un acuerdo sin precedentes con los acreedores, que les permitirá refinanciar su deuda y trasladar sus vencimientos a años posteriores.
Ahora bien. ¿Qué les ha pasado? Como buen país latinoamericano, el desorden en las finanzas públicas es una constante. No hay previsión. La responsabilidad por los errores de cualquier índole es achacada a los gobiernos anteriores. Se financia el gasto público con emisión de dinero inorgánico, además de que experimentan un proceso de fuga de capitales.
Las empresas trasnacionales, asentadas en esa nación, han perdido la confianza en la recuperación de la economía argentina, ahora doblemente azotada por la crisis sanitaria. El periodo y las reglas de confinamiento aplicados por la pandemia son de los más férreos de toda la región. La inversión extranjera se ha ido alejando lentamente y los nuevos capitales buscan otros mercados que les sean menos conflictivos.
El desplome de la moneda y la inflación son otras de las características de la tradicionalmente golpeada economía argentina, declarada en recesión desde 2018.
Ahora bien. Acaban de anunciar con bombos y platillos una nueva emisión de deuda equivalente a 961,9 millones de dólares distribuidos entre Letras del Tesoro y bonos en moneda local, con vencimiento entre 2020 y 2023. A la vez que ajustan los detalles en las propuestas de canje de aquellos títulos que se rigen bajo leyes extranjera y local, que asciende a 66.239 millones de dólares.
También se está en la búsqueda de reestructurar la deuda con el FMI (44 mil millones de dólares), así como otros 30.000 millones de dólares en compromisos contraídos con organismos internacionales de crédito como el Banco de Desarrollo (CAF), el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial.
Y la deuda… sigue en su ruta “hasta el infinito y más allá”.
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