El Índice de Precios al Consumidor, publicado periódicamente
por la Asamblea Nacional, señala que la inflación se situó durante el pasado
mes de marzo en 21.2%, manteniendo la
tendencia a la baja que ha experimentado durante el presente año.
Y este descenso, lamentablemente, no trae consigo la
disminución de los costos de los productos y servicios. Muy por el contrario, los
venezolanos observan con mayor preocupación cómo sus exiguos ingresos siguen
siendo presa de los altos costos de alimentos y servicios básicos, entre ellos gas
y transporte público.
Lo cierto es que, no obstante el descenso de la inflación,
el costo de la canasta básica alimentaria, sigue en aumento, alcanzando la suma
de US$ 263, en un país en el cual el ingreso mínimo de un trabajador está por
el orden de los $2.5 al mes…
Entonces, vale la pena preguntarnos cómo y de qué se
alimentan la mayoría de los venezolanos. ¿Cómo sobreviven miles de familia que
solo cuentan para su manutención con un bono del gobierno o un único salario
mínimo? Esa es la interrogante sin respuesta planteada por quienes, tanto
dentro como fuera del país, no conciben cómo se hace para vivir con tan pírrica
cantidad de ingresos.
En un país en el cual las decisiones políticas privan por
sobre las políticas económicas, es normal que se presenten disparidades, en las
cuales el resultado y las nefastas consecuencias, terminan recayendo en los más
desposeídos, esos que no tienen acceso a recursos para paliar su situación y
tener un nivel de calidad de vida aceptable, de acuerdo con estándares
mundiales.
¿Será que los sueños y las esperanzas llenan las barrigas de
nuestros compatriotas? Porque de resto, no existe alimento alguno, a no ser el espiritual, que
sacien el hambre y la necesidad…

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